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Jean Racine: Andrómaca (Andromaque),
publicada en 1667.
 
   
 
Jean Racine: Phedra (Phèdre),
publicada en 1676.
 

Actores en la vida real...

Cada día estoy convencido que todos los humanos somos actores y que, en el formato de Calderón de la Barca, el mundo es el gran teatro. De ahí que seamos trágicos, tracicómicos, fársicos, comediantes: y que de la vida, todos los días y a todas horas, hagamos un drama cotidiano, con todos los ribetes del melodrama.

    A veces, nuestra actuación, tiene éxito y sentimos los aplausos y la admiración de la gente; en otras ocasiones, y las más de las veces, fracasamos en el intento del trabajo escénico, y nos espantamos de que marquemos el camino de nuestra vida con puras derrotas.

    Algunas pírricas otras de trascendencia, pero fracasos que influyen en nuestra vida y nos da imágenes de hombres de éxito o de simples fardos de miseria y de conmiseración. Y entonces, el mundo, sea en lo general o en lo particular, te mira y se inclina o te ve, y te insulta.

    Entre toda esa gama de personajes, los políticos, son los que más sufren porque la máscara no siempre les queda bien y es entonces, que a su máscara se une la hipocresía y por eso sus papeles salen sobrando, ya no se desdoblan, no se vuelven los otros, sino que son los mismos, el mismo pellejo, el mismo encaje, la misma personalidad, pero no encubierta, sino simplemente y llanamente abierta hacia todos, pero con los signos de su pésima actuación.

    Decirlo así es fácil, pero no siempre ha sido así. Cuando jóvenes queremos convertirnos en los héroes que hemos de salvar a la heroína y al mundo; y cuando maduros-ya conectándonos a la vejez, hemos cambiado tanto que ya no nos reconocemos, nos hemos vuelto satánicos, es decir maletas.

    No así hemos conocido a cantidad de políticos, algunos ya desaparecidos del panorama, muertos o exiliados para siempre, que fueron cambiando de pellejo y de personaje conforme avanzaban los años. ¿Quién no recuerda a aquel mozalbete que, pobre, vivía en una vecindad, y que al paso de los años y con el estudio universitario se convirtió en abogado y más tarde, metido en la política, se fue abriendo paso hasta llegar a ser gobernador o funcionario de primer nivel en algún gabinete federal, en diputaciones o las senadurías?

    Si lo recuerdan apúntenlo en su agenda como uno más del montón. Y la pregunta se resuelve con la respuesta, ¿qué son ahora?

    Ricos, perdieron la brújula, se volvieron codiciosos, dejaron atrás los ideales y se obsecaron en ser dioses con pies de barro, que, con una simple pedrada, se desmoronaron ante los ojos de muchos que los conocieron.

    Se volvieron irresponsables en sus respectivas áreas, codiciosos con el dinero, perversos en todas sus patrañas, y revalidaron personalidades enfermas, llenas de odios o de sentimientos ajenos al bien y con grandes complejos que desvirtuaron sus personalidades hasta el infierno de sus propias vidas.

    No creemos que Luis Echeverría Álvarez goce de una salud plena, sobre todo psíquica, cuando los horrores del 68 y luego del 71, se le revelan constantemente, cuando a solas, -porque está solo el hombre-, tenga las imágenes presentes. No puedo concebirlo más que angustiado, de esa angustia que lo llevará a la tumba, como un represor.

    Ni tampoco a algunos gobernantes que se han portado similarmente con sus gobernados. Un Mario Marín Torres, un Ulises Ruíz Ortiz, un Eduardo Bours Castello, y tantos más que, para qué escribirlos, como si fueran personajes a los que les tuviéramos admiración y respeto.

    Toda esta colación que no es navideña, pero que está a un paso, es por el tiempo que tengo ahora para leer, pues por una enfermedad que me aqueja, he tenido que estar en el resguardo de una cama caliente y un libro a la mano.

    Encontré, una tarde, a Jean Racine, en dos de sus obras más famosas, por ser trágicas y tomadas de los clásicos griegos y adobadas por el propio dramaturgo francés, ANDRÓMACA y FEDRA, con notas de Emilio Náñez, en una edición de REI México, de 1991, en donde se anuncia lo siguiente:

    -El hombre-lo pone con mayúsculas- que desde que nace se ve inyectado por agitadas corrientes que se desplazan dentro de causas como las llamadas mitologías, la historia, la sociedad, la literatura; en definitiva, la vida misma.

    Todo lo que el hombre moderno hace y lleva a cabo en sus ciclos ya sean mitológicos, históricos, sociales o literarios. Y en lugar de ser personajes de ficción son de una realidad que ellos mismos sancionan, con tu trabajo actoral.

    México cuenta con los actores más malos de toda la historia porque, si hubieran sido de éxito y de triunfos, ah que tiempo México sería un país de primer mundo y tan grande o más que la propia Alemania, o la Francia, o los Estados Unidos pero, desgraciadamente, ha contado desde la conquista con el despojo, el robo, la codicia, el desprecio, la rapacidad, y todos lo males que, saqueando el país, en sus diferentes épocas, ¿cómo puede salir del hoyo o como buey de la barranca?

    Y menos, cuando las PARCAS, las divinidades romanas asimiladas a las Moiras griegas, o la muerte a la mexicana, cortan de tajo cualquier otra aspiración y cae el telón definitivamente. Los dioses-dice Hipólito en FEDRA-entregan al fin a la Parca homicida al amigo, al compañero, al sucesor...

    Para endender el asunto de Los Parcas, éstas son tres divinidades romanas, asimiladas a las Moiras griegas. Se las representan como tres hermanas hilanderas. Presidían el nacimiento, el matrimonio, y la muerte de los hombres. Al cortar el hilo que trabajaba, una de las Parcas ponía fin a cada vida humana.

DON RENATO
Sábado 25 de Octubre del 2008
MEMORIAS DEL PORVENIR

 

 
 
   
 
   
 
   
 
 
políticos que ensayan su papel en el micrófono haciendose pasar por otro, exactamente como lo hace un actor.
   
 
   
 
   
 



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