Memorias del Porvenir
Miércoles 10 de Septiembre del 2008
noticias de actualidad  

La Columna de hoy - Bibliotecas populares

DON RENATO

  Empiezo con epígrafes para que resulte más agraciada la columilla de este día. A Felipe Calderón Hinojosa le dicen ahora el LIPE porque ya perdieron la fe, inclusive muchos de los que lo apoyaban.

  El otro es también de Enrique Galván Ochoa, de su columna DINERO, que me parece de tiempos y a tiempo: Don Catarrito pregunta: ¿Cuando convergerán internacionalmente los salarios que se pagan en México? Pero eso sí, aumento a las gasolinas.

  Converger significaría: ¡Cuándo se pondrán en práctica!.
¿O no es así mi estimado Nikito Nipongo?

   Ahora, de lleno y con mucho empuje. Recibí noticias de que un grupo de intelectuales poblanos procrearon bibliotecas populares con un objetivo preciso: colaborar en la difusión del conocimiento científico, filosófico, literario, administrativo y económico.

   Algunos de los libros indican esas corrientes de pensamiento que será, como experimento, multiapreciado, sí les responde la gente, personas de los barrios y las colonias; individuos que aspiran a conocer más, para poder criticar más severamente, por ejemplo al Gober precioso de esta entidad y a su bufón, Javier López Zavala, para que sea el candidato a virrey de este, tan maltratado estado.

   También lo digo porque cada día que pasa en México se disfruta de la lectura aunque las estadísticas signifiquen porcentajes muy bajos de lectura, tanto como dos o tres libros anuales por persona.

   Las excepciones son eso, y por ser excepciones pueden leer tantos libros como sus bolsillos y su tiempo se lo permitan, aunque, finalmente, la cobertura sea muy limitada. Nunca se llegarán a los miles y miles que hay en las bibliotecas, algunas de millones de tomos, ni las que tenemos en casa, donde suman 300 a 1500, o en la de los escritores que llegan a acumular 10 mil tomos para que, al final de sus vida, las regalen a las instituciones universitarias.

  Aunque tampoco lo podemos considerar como dinero perdido porque de alguna manera cumplirá su propósito, su cometido, como libro editado, que al leerlo el menos indicado o el intelectual más sofisticado o soufflé, cumple con su misión.

   Borges, fue director de la Biblioteca Nacional de Argentina; ¿cuántos libros no leyó y cuántas cosas no escribió sobre ellos?. Aristóteles también lo fue y el primero que hizo la clasificación bibliotecaria. Nietzsche tuvo ese puesto, y otro tanto fue Lessing, como Ortega y Gasset.

  Este último utilizaba una palabra en lo referente a la biblioteca y su uso: la consideraba como una misión. José Edmundo Clemente, que fue con Borges el segundo de abordo de esa biblioteca bonaerense, decía de los mismos: el bibliotecario es un misionero laico. Pero con una fé universal, la fé en el conocimiento, en la belleza de la investigación, en la alegría sin religión.

   En México hemos tenido intelectuales que han asumido el papel de bibliotecarios. Sus nombres han sido registrados en la historia de las mismas. Pero lo que pretendo con este escrito es señalar que no es lo mismo una gran biblioteca, como la que hizo Vicente Fox, y que fue un desastre, no sólo económico y que quién sabe si llegue a reabrir sus puertas, con las propuestas de muchas instituciones que tratan de captar a nuevos lectores para sus libros que prestan o regalan. Como el caso poblano.

  El eco es singular y es un atrevimiento de estos señores y cuya idea nació, según se nos ha informado, de un joven metido en la economía y en organismos que hacen a la vez para frenar los abusos de los pulpos chupeteadores que venden basura, o comida chatarra.

  Se llama Orlando Oviedo Aguilar, a quien próximamente vamos a entrevistar, que siendo licenciado en música por la UAP, abarca ahora otros aspectos de la cotidianidad para una ciudad que sucumbe ante las injusticias de los comerciantes y el gobierno actual.

  El camino de la economía y del pensamiento filosófico orilla a jóvenes a fundar las alternativas que requieren no sólo los jóvenes, incluiríamos a los adolescentes y a los niños, y a los hombres maduros y a los viejos, porque todos requieren de un conocimiento y de un saber que los haga positivamente mejores para su propio bienestar.

   La universidad es bienvenida siempre pero quien sale de ella continúa su formación en la lectura de los libros que, encuentra en su camino, para distinguirse. Ni más ni menos.

 

Don Renato

Miércoles 10 de Septiembre del 2008

 

 

 

 


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