Memorias del Porvenir
Jueves 28 de Noviembre del 2008
noticias de actualidad  

RETRATO DE LOS MEXICANOS

DON RENATO

La historia siempre ha sido la maestra de la humanidad. Quien no entiende sus signos los repite y si son equivocados, provocan, los gobernantes principalmente, la mayor decepción en su pueblo. Por esa razón es conveniente buscar sus páginas y entender, en este caso, por qué Alan Riding escribió VECINOS DISTANTES, que habla de la gran corrupción habida en México y señalando que la clase política e incluso los presidentes emanados del partido PRI, son los culpables, de la corrupción, en escala mayor.

Hoy sabemos que la clase empresarial, la más rica, es también corrupta como los funcionarios, y que hacen transas y cochupos y corrompen como los mismos priístas lo han venido haciendo hasta la fecha.

     En esta segunda parte concluyo su análisis para responder a la pregunta que nos hacíamos del retorno del PRI al poder, en 2012, cosa que se lamentaría en gran manera, por los hombres y mujeres libres que hay todavía en México y que anhelan, con todas sus fuerzas, el cambio verdadero, ese cambio que sin duda alguna, busca con decisión y valentía, Andrés Manuel López Obrador, y sus millones de seguidores.

     La corrupción, escribe el autor del libro, aumentó enormemente a finales de los años cuarenta con Miguel Alemán Valdés quién, había declarado que “la moralización pública ” sería la norma de su gobierno y que “las obras públicas y otros contratos de su gobierno no serían privilegio de favorecidos”. De hecho, fue la primera vez que el problema despertó la indignación , incluso llevando al sucesor de Alemán, Adolfo Ruíz Cortines, a señalar al presidente saliente, cuando criticó a los “funcionarios públicos venales”, en su discurso de toma de posesión.

     No obstante, en los años sesenta, resiguieron cosechando riquezas ilícitas y, en 1970, Echeverría advirtió: “Los que buscan puestos administrativos o electos entenderán que no son una manera de acumular una fortuna”. Cuando asumió el mando, añadió: “La presidencia de la república no es un botín ”. Después, en 1976, tocó a José López Portillo y Pacheco señalar que “la corrupción es un cáncer devorando nuestra sociedad” y prometió que “cualquier funcionario que engañe o robe será castigado por la ley”.

     A pesar de esta tradición profundamente arraigada, para cuando Miguel de la Madrid Hurtado asumió el mando en 1982 la corrupción se había convertido en importante punto de contención entre el gobierno y sectores claves de la población. Muchos mexicanos consideraban que los funcionarios eran la “misma bola de rateros” de siempre pero, por primera vez, las clases medias urbanas echaban la culpa de la crisis económica a la corrupción y, específicamente, la culpaban de que hubiera bajado su nivel de vida.

     Al ofrecer una “renovación moral” de la sociedad, el mismo De la Madrid advirtió que la corrupción se había convertido en una amenaza para el sistema y rechazó una justificación conocida: “No aceptaremos la corrupción como el precio de la estabilidad o la eficiencia del sistema en el manejo de los asuntos públicos”. Este cambio de actitudes tuvo menos que ver con la moral que con la política y la economía: la corrupción-y no la sociedad-ha cambiado.

     El enorme endeudamiento externo y los crecientes ingresos por concepto de petróleo financiaban los contratos del sector público a una escala que, sólo unos años antes, parecía inimaginable, por lo que la queja fue admitida: “Sabemos que los funcionarios roban pero, ¿por qué tanto?.

     Cuando el país estaba gobernado principalmente por políticos sostenidos por sus propias bases de poder, la corrupción iba pasando en el sistema a cambio de lealtad. Era una forma de redistribuir la riqueza dentro de la pirámide de poder y, como tal, la corrupción contribuía a la estabilidad política. Los frutos de la corrupción, por otro lado, empezaron a ascender en lugar de descender.

     Cuando los funcionarios de la cima, escribe Alan, empezaron a tomar más para sí mismos y para sus jefes y compartir menos con sus partidarios políticos, no sólo se amasaron fortuna ilícitas mucho mayores, sino que esta nueva riqueza quedó también concentrada en menor número de manos.

     En cierto sentido, el hecho de que la corrupción siga floreciendo en cientos de formas en otros puntos de la sociedad confirma que el problema es cultural y no moral. Incluso ahora, muchas de las viejas costumbres, tales como el conflicto de intereses, el nepotismo (como en tiempos de López Portillo, como ejemplo y ya que hablamos de este periodo es bueno citar al símbolo mayor de las corrupción en años recientes, que es el caso de Arturo Durazo Moreno, el jefe de la policía de la ciudad de México. El Negro, como se le apodaba, fue amigo de infancia del presidente y que acusado en 1976 por tráfico de narcóticos que, sin embargo, fue protegido de López Portillo que convirtió a la policía en un imperio de negocios turbios y que pueden tener más datos leyendo el libro LO NEGRO DEL NEGRO DURAZO, escrito por su exayudante personal, José González ) y las ofertas de influencia no están consideradas como algo malo y “como el poder y no la ley domina a la sociedad, la honradez misma, al parecer, es negociable”.

     Un ejemplo cotidiano para concluir, la segunda y última parte, como forma visible de la corrupción oficial es la “mordida” en todos los niveles del gobierno, pero el más lacerante y visto día a día, es el del agente de tránsito que, de acuerdo con la idea de Riding, es prácticamente una forma de vida y ocurre miles de veces todos los días. El agente de tránsito detiene a camiones, taxis, automóviles particulares y, según sea la infracción, extrae un soborno en lugar de una multa. Esto no es difícil porque la mayoría de los conductores prefiere pagar la “;mordida” que la multa, que es más cara.

     Todos los aspectos de la corrupción que Alan Riding ha relatado en su libro y las acotaciones que hemos llevado a cabo nos muestra que el país corre un gran peligro, del que ya tiene con los panistas-tan ladrones como sus maestros-, pero que el retorno de los brujos hoy, que es tan fácil echar mano de los recursos petroleros (ahí esta Fox que durante su gobierno desaparecieron millones de dólares del petróleo, como muestra) , debe ser frenada a como de lugar, para que el futuro que, está a un paso y a la vista de todos los mexicanos conscientes, se enarbole la bandera de la honradez y las marchas sean más revolucionarias en todo el país para liquidar al partido que tanto ha dañado a México y que nació en 1929, como Partido Nacional Revolucionario, cuando Plutarco Elías Calles era el presidente y que en tiempos de Miguel Alemán Valdés cambió de nombre pero no de máscara y que hasta la fecha se llama PRI, o RIP como se decía antes, cuando estuvo de capa caída y llegó al tercer lugar en las elecciones del 2006.

DON RENATO en Memorias del Porvenir, a Jueves 28 de Noviembre del 2008

 

 


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