Memorias del Porvenir
Jueves 27 de Noviembre del 2008
noticias de actualidad  

RETRATO DE LOS MEXICANOS

DON RENATO

Al ser desnudada la clase política mexicana por Alan Riding, periodista brasileño, en su libro Vecinos Distantes, mientras fungía como jefe de redacción del New York Times en México, su salida del país fue comentada como un exabrupto del presidente en turno, quien para respaldar esa postura, tuvo que recurrir a los políticos agraviados, que fueron una gran mayoría, ya que hizo un retrato hablado de la corrupción imperante, y condicionándola como “lubricante y engrudo”, en donde la mayoría de los mexicanos juega de acuerdo con las mismas reglas, pero en que “se considera que el gobierno mexicano es el culpable principa”.

     Y para sostener su argumento señalaba que el gobierno está en el centro de la riqueza y el poder y, que de una manera u otra, todo el mundo depende de él. Y escribe la queja que muchas veces oyó: “Sabemos que los funcionarios roban, pero, ¿por qué tanto? Además, la falta de honradez de algunos funcionarios era tan descarada-y su forma de vida tan afrentosa-que sugerían un grado casi insultante de impunidad. Y la exigencia de que se castigara a un puñado de políticos clave, reflejaban tanto el deseo de venganza cuanto el de esperanza en que se podría evitar la corrupción futura”.

     En esto no fue un profeta Alan, pues lo que hizo Fox es más que suficiente como ejemplo.

     Riding inicia su capítulo sexto escribiendo que “los funcionarios mexicanos generalmente no admiten-sobre todo ante extranjeros-que la corrupción es esencial para el funcionamiento y la supervivencia del sistema político. Pero, de hecho, el sistema nunca ha vivido sin corrupción y se desintegraría, o cambiaría tanto que resultaría imposible reconocerlo, en caso de que tratara de eliminarla”.

     Y sostiene que en teoría, el dominio de la ley tendría que ocupar el lugar del ejercicio del poder, los privilegios, la influencia y los favores, así como de los pilares que los sostienen, la lealtad, la disciplina, la discreción y el silencio.. Por otro lado escribió que las promesas de los gobiernos entrantes en el sentido de que acabarán con la corrupción ,invariablemente, resultan ingenuas o cínicas seis años después.

     En la adopción de leyes rígidas, Alan, sostiene que han sido promulgadas en un entorno donde no se podrían aplicar. Por consiguiente, agrega, la corrupción es una aberración de la ley, pero no de la sociedad.

     Sostiene: Si la corrupción ha llegado a convertirse en un problema político hoy día, se debe a que las clases medias “occidentalizadas” ahora la miden con varas extranjeras. Incluso ellas sólo se centran en la corrupción del gobierno, sin querer buscar sus raíces más profundas en la sociedad misma.
     Algunos mexicanos le echan la culpa al sistema de favores y proteccionismo que floreció en épocas prehispánicas. Los nacionalistas insisten en que la corrupción fue traída de España, señalando que los españoles veían en México un botín a saquear . Luego el “unto de México” en tiempos de los virreyes. Sin embargo, la Independencia, no produjo ningún cambio en las costumbres y los gobiernos estuvieron, invariablemente, en manos de camarillas que buscaban el provecho individual o de clase. Y, por último, Rindig sostiene que a finales del siglo XIX, la vida pública se podía definir como el abuso del poder para obtener riqueza y el abuso de la riqueza para obtener poder.

     Resultados: Los ciudadanos comunes y corrientes aprendieron a solicitar favores en lugar de exigir derechos, de modo que ningún sector-de empresa a Iglesia-quedaba excluido de este modus operandi. No se consideraba corrupción : era la forma en que se habían hecho las cosas siempre, como pasa ya en el siglo XX, en donde el gobierno ejerce el poder con autoritarismo y recompensa la lealtad con prebendas.

     Proporciona el “lubricante” que permite que los engranajes de la maquinaria política giren, y el “engrudo” que sella las alianzas políticas. Esto significaría que como no hay seguridad dentro de una burocracia permanente, los funcionarios se ven prácticamente obligados a enriquecerse con objeto de “disfrutar de cierta protección cuando han salido del poder”.

     Se dice que el sistema político de México es aún joven, que está en la etapa que alcanzó Europa en el siglo XVIII, cuando la corrupción era lo corriente. Los empresarios han sostenido que la falta de honradez fue estimulada por los excesos populistas de los gobiernos de Echeverría y López Portillo. Incluso los funcionarios encuentran la forma de echarle la culpa al sistema, sin compartir responsabilidad como individuos.

     Alan señala que tampoco nació en 1946 con Alemán Valdés, ni en 1970 con Echeverría. Cita a Manuel Gamio, que en 1916, escribía sobre el sistema que nacería de la Revolución: “La política siempre ha sido el invernadero de la corrupción. Antes de que emerja la nueva política, es necesario desinfectar el ambiente, demandar de los políticos credenciales legitimizadas por sanidad moral, por eficiencia personal y por representatividad efectiva”.

     No obstante, después de la Revolución, se compró a la mayoría de los generales con haciendas expropiadas y el propio Obregón frecuentemente se jactaba de que “no hay general que resista un cañonazo de 50 mil pesos”. Desde entonces, la permanencia de la corrupción se podía medir de acuerdo con la frecuencia de las promesas para manejarla. Ya en 1924, el general Calles asumió el poder ofreciendo la “moralización”, concepto que se ha repetido, religiosamente, en los sucesivos discursos de toma de posesión . Incluso al recibir el gobierno de Cárdenas, supuestamente honrado, en 1940, Avila Camacho señaló: “Fortalezcamos la moral pública”.

PRIMERA PARTE

Don Renato en MEMORIAS DEL PORVENIR, a Jueves 27 de Noviembre del 2008

 

 


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