Memorias del Porvenir
13 de Octubre del 2008
noticias de actualidad  

¿Va a estar usted y los ricos también?



DON RENATO

    Guillermo Cabrera Infante, durante una entrevista hecha por Rita Guilbert, sobre su posición política y filosófica, declaró:

    Uno:
     -Soy antiutopista. Creo que Arcadia, el Paraíso o lo que quieran llamar a ese horizonte, yace a nuestras espaldas, siempre en el remoto pasado y nunca en el futuro.
    Dos:
     -Creo que todas las ideas como a los hombres: el comunismo es simplemente el fascismo pobre.
    Tres:
     -Filosóficamente hablando, soy una escéptico total: no existe ni un solo cuerpo de ideas irrefutables.
Como todo escéptico me siento atraido por el estoicismo. Un sistema de supersticiones nos ayuda a dominar ese sentimiento de soledad impuesto por nuestro propio agnosticismo pero, la palabra operativa es la duda.

    Cabrera Infante ha sido un enemigo visceral de la revolución cubana. Sus obsesiones son el cine y Cuba y si no veánlo que diez y siete años después de haberla abandonado, publicó su novela LA HABANA PARA UN INFANTE DIFUNTO.

    Cabrera Infante escribió un breve cuento-ensayo, que, con mucho gusto transcribimos para ustedes, por la eficacia de su razonamiento, expuesto a través de un personaje inculto pero sorprendentemente juicioso.

    Leamos EN EL GRABADO SE DIÓ LA EJECUCIÓN

    En el grabado se ve la ejecución, más bien el suplicio, de un jefe indio. Está atado a un poste a la derecha. Las llamas comienzan ya a cubrir la paja al pie del poste. A su lado, un padre franciscano, con su sombrero de teja echado sobre la espalda, se le acerca. Tiene un libro-un misal o una biblia-en una mano y en la otra lleva un crucifijo. El cura se acerca al indio con algún miedo, ya que un indio amarrado siempre da más miedo que un indio suelto: quizá porque puede soltarse. Está todavía tratando de convertirlo a la fe cristiana. A la izquierda del grabado hay un grupo de conquistadores, de armadura de hierro, con arcabuces en las manos y espadas en riestre, mirando la ejecución.

    Al centro del grabado se ve un hombre minuciosamente ocupado en acercar la candela al indio. El humo de la hoguera ocupa toda la parte superior derecha del grabado y ya no se ve nada. Pero a la izquierda, al fondo, se ven varios conquistadores a caballo persiguiendo a una indiada semidesnuda que, huye veloz hacia los bordes del grabado.

    La leyenda dice que el cura se acercó más al indio y le propuso ir al cielo. El jefe indio entendía poco español pero comprendió lo suficiente y sabía lo bastante para preguntar: “Y los españoles, ¿también ir al cielo?” “Sí, hijo”, dijo el buen padre por entre el humo acre y el calor, “los buenos españoles también van al cielo”, con tono paternal y bondadoso.

    Entonces el indio elevó su altiva cabeza de cacique, el largo pelo negro grasiento atado detrás de las orejas, su perfil aquileño todavía visible en las etiquetas de las botellas de cerveza que llevan su nombre, y dijo con calma, hablando por entre las llamas:

    -“Mejor yo no ir al cielo, mejor yo ir al infierno”-.

    Cambiemos los destinos. Veamos el del mexicano pobre y jodido que le responde al Jeli-pillo quien, como el cura al indio, lo invita a vivir en este paraíso llamado México, también conocido como foxilandia o calderolandia:

    -¿Va estar usted y los ricos también?-

DON RENATO
en MEMORIAS DEL PORVENIR
13 de Octubre del 2008

 

 


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