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Columnista invitado lo es Orlando Oviedo Aguilar, de MEMORIAS DEL PORVENIR. Licenciado en música por la Universidad Autónoma de Puebla. Guitarrista consumado; incursiona en la economía, no sólo como teórico sino como un miembro participante de RECOSOL que, se dedica a la introducción de alimentos orgánicos como forma de contrarrestar la comercialización de alimentos chatarra. Bienvenido.

 

ESTUPEFACCIÓN

Orlando Oviedo Aguilar
17 de Octubre del 2008

    Que los mercados cierran a la baja, que el gobierno invierte miles de millones para estabilizar el peso, que la crisis financiera se agravará y un largo etcétera imposible de relatar y mucho menos de comprender para los que vivimos a pie. Lo único que puede describir nuestro estado es la estupefacción, ante lo que pasa, ante lo que llaman recesión, ante la merma de ingreso en nuestro de por sí, empobrecido bolsillo.

    Las caras lo demuestran cuando uno platica acerca del tema.

    Es algo inédito, algo que no alcanzamos a comprender, a asimilar, a sintetizar.

    Por ello estamos estupefactos, asombrados, crédulos e incrédulos, confiantes y desconfiantes.
Unicamente nos miramos entre nosotros e intuimos que alguien está sacando provecho de nuestra crisis.

    Las crisis son excelentes momentos para tener o adquirir un avance educativo, y a partir de esto comenzar a crear el camino para salir de éstas. Aún lo creo y lo afirmo, a pesar de los estragos, de la pérdida de la por sí mermada seguridad social, económica, educativa. Aún así tendremos un aprendizaje: los deudores aprenderán a endeudarse menos a partir de un mayor conocimiento de estos instrumentos; la llamada economía real acabará por imponerse, por lo menos en la mente de los de a pie, por sobre la economía financiera; aprenderemos a desconfiar un poco más en los políticos, los consejeros financieros, los banqueros, y de toda la pléyade de monstruos que tienen como oficio saquear la buena fe y las creencias de las personas que, como tú y como yo, vivimos en una nación.

    Pasaremos de la estupefacción a la rabia, cuando perdamos nuestros bienes y haberes y comencemos a revolcarnos, a proferir improperios contra los políticos y economistas de los grandes consorcios mutinacionales. Estupefactos, pues, nos mantendremos mientras la gran ola de la debacle financiera arrasa, mientras perdamos lo que mucho no poseen, donde ni siquiera los sueños tiene crédito, donde no se perfila aún un porvenir y sí un camino endeudado con la historia.

    Quizás porque somos demasiado ambiciosos y quisiéramos controlar cada uno de nuestros actos, pero las crisis nos ponen en nuestro lugar, como criaturas místicas, enrrolladas en los mitos que vamos viviendo y recreando desde tiempos inmemoriables y que, pensándonos originales, no alcanzamos a intuir que estamos metidos en el mundo común y corriente, como seres comunes y corrientes.

    Por ello es que la estupefacción da paso a momentos de recogimiento a la usanza antigüa, en que la instrospección y la recapitulación de nuestros quehaceres y de nuestros ideales comienzan a profundizar acerca del autoconocimiento del YO, que la cultura globalizada se empeña en ocultar bajo lemas publicitarios e imágenes propagandísticas, las elecciones incluídas.

    Esto me lleva a una pregunta: ¿cuál es el precio de la libertad? Y a otra más: ¿acaso a la libertad se le debe asignar un precio, un valor de mercado? Quizás es importante comenzar a cuestionar si el mercado debe involucrarse tan adentro de nuestras vidas hasta el punto en que controle nuestras acciones y nuestros sueños.

    Pienso también que en este momento de recogimiento, algo de luz dará sobre el asunto, pero también habrá sangre y dolor, se aplicará la máxima de que "la letra con sangre entra"; y que en este caso el aprendizaje causará algo más que escozor y durará un tiempo razonable y luego un nuevo renacimiento, quizás menos ingenuo, quizás ya no como hombres de paja o de arcilla, ni siquiera de piel y hueso; quizás este renacimiento cumpla las antigüas profecías de los místicos y los profetas. Tal vez tengamos que renacer a travéz de la muerte de nuestros ideales y por consiguiente a través del cambio y mudanza de paradigmas envejecidos.

 

 

 

 
 

Cementerio Nacional - Privatización = Corrupción. Red de Defensa de los Consumidores (CEI)

   
 
   
 
 
 
 
   
 
   



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